Automatización y capital humano: el desafío de convertir digitadores en analistas

La incorporación de nuevas capacidades a los trabajadores es un proceso clave al apostar por la automatización. En esto se juega no solo el éxito de la incorporación de nuevas tecnologías, sino también la productividad de la compañía y la motivación de sus personas.
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Según datos de IDC, se estima que hasta 2027 la falta de financiamiento de iniciativas para el desarrollo de habilidades -en comparación con el gasto en productos o servicios- impedirá que el 75% de las empresas obtenga el valor total de las inversiones en inteligencia artificial, nube, datos y seguridad.

Se trata de una decisión de las organizaciones que está haciendo que las empresas deban buscar arduamente a las personas con habilidades que requieren en este tema, en un contexto en que Chile tiene una escasez de profesionales especializados para ejecutar procesos de automatización y optimizar resultados a través de la analítica de datos y otras tecnologías, explica Gilbert Leiva, presidente de la mesa de Capital Humano de la Asociación Chilena de Empresas de Tecnologías de Información (ACTI).

quien reconoce que la rapidez con que evolucionan las tecnologías lleva también a que las competencias requeridas estén en permanente cambio, mientras que, para los trabajadores, la digitalización de sus funciones puede generar preocupación por la seguridad de sus empleos.

Young businesswoman smiling at camera. Portrait of cheerful Hispanic businesswoman in formal wear standing with crossed arms and looking at camera. Business concept

Sin embargo, hay oportunidades en este proceso. “Hoy en día no se justifica tener a una persona con capacidad de crecer en una tarea rutinaria como, por ejemplo, conciliar una factura con la orden de compra y la correcta recepción del producto”, dice Soledad Sotomayor, Head of Business Strategy de Agilice, resaltando que para los líderes de áreas de abastecimiento o de finanzas, esa persona aporta más valor haciendo análisis de los gastos para generar ahorros que conciliando facturas.

afirma la ejecutiva, y recalca que un proceso automatizado es capaz de procesar miles de facturas en cuestión de minutos, mientras que una persona lo hace más lento y, además, puede cometer errores. No solo eso: “La productividad se dispara enormemente al contar con la motivación de las personas a trabajar en pos de elaborar estrategias, a crear relaciones con los partners y proveedores, y a crecer dentro de la organización”, sostiene, pero para ello se requiere un cambio de cultura y mentalidad que permita destinar tiempo para crear más valor para la compañía y los clientes.

Por eso, mientras todavía se habla del futuro del trabajo y del riesgo de obsolescencia o de reemplazo de trabajadores por inteligencia artificial, “cambiar el foco de los colaboradores desde digitadores a personas que gestionan información para tomar decisiones trae consigo una transformación integral en las competencias y en la cultura interna organizacional”, analiza Leiva. En ese sentido, añade, el cambio de foco apunta a fortalecer habilidades humanas como el diseño de estrategias, negociación y toma de decisiones.

Cómo lograrlo

A juicio de Soledad Sotomayor, de Agilice, el desafío más importante en el proceso de automatización de procesos es la resistencia al cambio, pues los colaboradores están acostumbrados a trabajar de una determinada forma que les resulta conocida.

“Hacer cambios en la forma de trabajar trae resistencia porque hay un costo de aprendizaje que trae como consecuencia un retroceso en la productividad”, analiza, lo que toma un tiempo hasta que la adopción toma su curso y ellos logran acostumbrarse a la nueva rutina.

Según la ejecutiva, esta adopción es un proceso, no un hito, y por ello es clave que los liderazgos lo aborden como un proyecto, además de impulsar los cambios a nivel gerencial.

Gilbert Leiva, de ACTI, añade a estos desafíos la necesidad de que las personas se familiaricen con las herramientas digitales desde temprana edad para poder desarrollarse de mejor forma en el futuro. “Esto permite que la implementación de herramientas tecnológicas atraviesen la frontera de la industria TI y se aprovechen sus beneficios en todos los sectores económicos”, afirma. También considera relevante romper las brechas de género y de edad que aún están presentes en el rubro tecnológico, y fomentar la capacitación de los trabajadores.

“Las personas deben estar dispuestas a probar nuevas tecnologías y asumir riesgos para potenciar su aprendizaje. Las organizaciones deben reconocer y premiar estos esfuerzos, creando una cultura que valore la innovación y el aprendizaje continuo”, acota Claudia Pichuante, de Accenture, mientras Sotomayor plantea que las empresas deben exigir a su partner tecnológico que la capacitación a sus colaboradores sea parte crucial del proyecto, y que los acompañen antes, durante y después de la implementación de las nuevas tecnologías.

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